Ancestralidad, La Cosecha de la Vida.


El que siembra tiene segura su cosecha (pensamiento Yorubá registrada en el signo de Ifá Iroso Ojuani).

La ancestralidad es el espacio vivo que visibiliza la cultura, las ideas y la filosofía de los pueblos originarios, es la forma de expresar nuestros valores colectivos, los cuales han sido legados a nosotros gracias a los aportes de nuestros ancestros.  Los mismos que permanecen en el tiempo, por la consciencia arraigada en la identidad genética que va pasando de generación en generación.
Para nosotros los descendientes de africanos e indígenas en Venezuela, es importante mantener esa consciencia sabia, la misma que nos llama a la emancipación de las formas expresión  eurocéntricas, aquellas que se nos fueron impuestas desde la época del genocidio cultural colonial (el genocidio de millones de seres humanos en ABI AYALÁ y sus culturas) y que permanecen hasta nuestros días.
Así pues, reconocerse es la fase más importante para todo ser humano evolucionado, saber de dónde vienes para luego planificar una vida sana en positivo. Identificar nuestra verdadera historia genética, las riquezas espirituales, los conocimientos de todo tipo (medicinales, música, gastronómica, artesanal, entre otros) personales o colectivos con que se cuenta en nuestra memoria genética, son aspectos que nos permiten tener la claridad sobre el proyecto vital que queremos emprender como sociedad. Conocerse es el soporte y el motor de la identidad y de la capacidad de comportarse como un integrante de una familia inmemorial y que de igual manera trascenderá en el tiempo.
No reconocerse es, por lo contrario, castrar la posibilidad de romper con paradigmas espirituales, taras familiares o “karmas” existenciales, la negación es un espacio donde sólo habita el ego, el individualismo y el sectarismo. Este espacio existencial es la razón de las guerras, de las invasiones y el poco desarrollo espiritual en algunos seres humanos, los mismos que no comprenden que se debe respetar al resto de los seres vivos de este planeta, los elementales, cualquier forma de energía o forma de vida que le sea desconocida o diferente. Por consiguiente, un desarrollo pleno de la existencia, sólo se logra en el desarrollo de nuestra espiritualidad, de manera paralela con el intelecto.
Nuestra cultura ancestral nos dejó nombres, ideas, formas de expresión, de vivir o de convivir; solo cuando hallemos esas formas, esas ideas y las materialicemos, iniciaremos el verdadero camino hacia el éxito.

Manuel González 

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