TEXTO IMPRESCINDIBLE EN LA VENEZUELA DE HOY:
Megacorrupción, supraincompetencia
Por: Rafael Rodríguez Olmos
Cualquier ministerio de Venezuela
es un monstruo inmanejable. La administración pública que según algunos
conocedores ya pasó los cuatro millones de empleados, es hoy mucho más obsoleta
y paquidérmica, con la incapacidad de no resolver un solo problema de algún ciudadano
a tres décadas de haber aparecido la tecnología. Las misiones se crearon
precisamente porque los ministerios no solo no funcionaban, sino que
entorpecían los proyectos y propuestas de las misiones. Pero las misiones
quedaron en manos de los ministros de turno, por lo que terminaron siendo
ministerios paralelos. No sé en cuántos países del mundo el 18% de su población
trabaja para el Estado, creo que en ninguno de Europa, lo que sí sé es que
ninguno es tan incompetente.
Soy un convencido de que
ministerios como el de Salud, Fuerzas Armadas, Educación, Infraestructura y
ambiente, deberían tener no un ministro, sino un equipo de ministros que
elaboren políticas, pero que operen en áreas diferentes, precisamente para
poder funcionar y ser eficientes. Y creo que la designación de un ministro per
sé, es ya un acto contra la eficiencia. No es cierto que un ministro vaya a ser
eficiente en un monstruo como por ejemplo el Ministerio de Educación donde
hasta hace nada se perdía un oficio enviado por el mensajero interno desde el
PH hasta el piso 4. Y si ya es un absurdo designar a una persona como el único
ministro, imagine el lector a ese ministro con cinco cargos más. Fueron los
absurdos de Hugo y son los absurdos de Nicolás, que un personaje sea designado
ministro de alguna vaina, más director de la Superintendencia de Asuntos sin
Importancia, Presidente de Instituto para no Hacer Nada, Comisionado de la
Misión Róbense Todo, Vicepresidente del Banco de los Atracadores a Corto Plazo
y cosas por el estilo. Es obvio que no va a ser eficiente en ninguno, y que
además, si lo era en alguno, esa carga lo terminará por descontrolar.
Si el Estado es corrupto por
definición, la desinflamación y el descongestionamiento son los remedios, y
eso, no hay forma de lograrlo sino con la horizontalidad. Es decir, diseñar y
operar con las políticas macros en las altas esferas del gobierno, y permear
aguas abajo todas las condiciones para que las cosas funcionen.
La vergüenza debería ser lo que
imperara en el gobierno, porque es imposible creer que a estas alturas, hasta
sacar una cédula de identidad sea una complicación, o un pasaporte, o una
licencia o la placa de un carro, o cualquier cosa que se necesite del Estado.
Todo es una absoluta complicación, con el agravante de que las tecnología nos
llevan por cualquier camino, hasta por los más insospechados, para hacernos más
expedita la vida y más fácil de resolver las innumerables exigencias que nos
hace ese mismo Estado en cumplimiento de las leyes.
A dónde nos lleva eso,
indefectiblemente a la corrupción. Es el caldo de cultivo. Y todo es posible
ofreciendo dinero. Se abren las puertas en cualquier parte y a cualquier nivel.
No hay nada más seductor que un fajo de billetes. El problema estriba en que ya
se perdieron los parámetros porque todos quieren estar en el negocio, tener ese
fajo de billetes y a cualquier escala. La tarjeta telefónica cuesta 100 pero el
tipo del kiosco te la vende a 110. Eso, según él no es corrupción, sino
compensar la inflación. Cien mil costaba un cupo de medicina de la Universidad
de Carabobo, hasta que por fin el gobierno les acaba de quitar el negocio.
Estando en el Palacio de “Injustica” en Valencia, en una cola que es la mayor expresión
de desprecio a los seres humanos, esperaba por mi turno en un pasillo donde
había unas 300 personas, aunque los baños estaban dañados. “Ya está todo listo.
Le vamos a dar 50 al juez, 20 a cada uno de los policías y 10 al tipo de la
cárcel para que no lo metan en las rejas. Eso te va a costar 100 palos, y date
con una piedra en los dientes porque te hubiera costado 500 fácil”, fue la
conversación que escuché a dos personas que estaban detrás de mí. Aclaro que
habíamos varios esperando allí y ellos no hicieron ningún esfuerzo para que no
los escucháramos. No hubo susurros. Fue un negocio y nada más. Las mafias,
interconchupadas con funcionarios, controlan las colas de todo. Hay que pagar
para tener derecho a hacer cola para comprar una batería. 150 palos cuestan
entrar en la lista para que te den un taxi por el Estado. 200 para optar a un
autobús. 600 para poder comprar un carro iraní o chino. 250 para comprar una
moto. Solo comisiones, luego tienes que tener el dinero para comprar.
Es eso distinto a lo que ocurre
en la policía, en las Fuerzas Armadas, en la salud, en la educación, en la
compra de alimentos, o en la de medicina. Apresan a un consejo comunal por
negociar con unas casas que habían construido, pero hay alguien de Fundacomunal
detenido. ¿O es que me van a decir que ese organismo no sabía que ese negocio
se estaba haciendo? Destituyen a algún huelefrito porque vendió una caja de
pollo de Pdval, pero nadie ve a policías, guardias nacionales y funcionarios
salir por la parte de atrás de los mercados con cajas y cajas de alimentos,
bajo la mirada impotente de los compradores que llevan horas haciendo cola.
¿Será que ese funcionario cree que eso no es corrupción? ¿Hay alguna diferencia
entre ese kiosquero, las autoridades de la universidad y el abogado, o son todas
basuras de la misma calaña? Quizás el más perdonable sería el kiosquero porque
a final de cuentas es un pobre diablo que trata de sobrevivir, no de ser opulento.
Y sáquense de la cabeza que eso
es la administración pública únicamente. La empresa privada es igual de
corrupta, y hasta peor. Un amigo que trabaja en una firma de más de 500
trabajadores, me decía el otro día que le pagaba al de Servicios Generales para
que le entregara de primero su pedido de papelería de la semana, porque de lo
contrario lo recibía el martes en la mañana. El funcionario del banco te pide
una comisión para poner de primero tu carpeta de solicitud de un crédito y
promete influir para que te lo aprueben; y además, te conseguirá una tarjeta de
crédito.
Creo que Chávez no supo cómo
enfrentar este problema aunque se cansó de cuestionarlo, pero sin tomar
medidas. Porque tomar medidas significa sacar a flote todo el estiércol, y con
toda seguridad que caería gente de su propio entorno. Allí se olvidó de que
esto debería ser una revolución y de que las revoluciones no solo son
complejas, sino que en algún momento se tomarán medidas que no gustarán a
todos. Y es su culpa muchas cosas que se hicieron y que él prefirió pasar por
debajo de la mesa.
Maduro está adoleciendo de lo
mismo. Con el agravante de que no es Chávez. Su gobierno se le ha convertido en
un derroche de retórica permanente, con una serie de ofrecimientos que nunca
cumple. Aún no sabemos quién se robó los 25.000 millones de dólares, aún no
sabemos quién es el diputado planificador de asesinatos, aún desconocemos la
mano dura del gobierno, aún no sabemos de planes económicos, aún no sabemos
nada de nada. Estamos como sin brújula, con la complicación de que el país está
en una encrucijada. Y todo el que se atreve a cuestionar, es, sin duda, un
enemigo.
Es estrictamente necesario
detenerse, oír, oír mucho, analizar, buscar otras opiniones. No tengo claro si
el gobierno entiende el problema en el que estamos metidos, pero si no
combatimos la corrupción y no buscamos la eficiencia, el destino está trazado…
Y nos alcanzará.
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